Los BAFTA y su maestro de ceremonias más cabaretero

Alan Cumming puede presumir de haber trabajado con Stanley Kubrick y de haber presentado los BAFTA, los premios más importantes de la industria del cine británica. En Eyes Wide Shut (1999) era un recepcionista de un hotel que le tira los tejos a Tom Cruise. Cuentan que consiguió este breve pero decisivo papel tras enviar una cinta al director. Su acento estadounidense era tan fluido que el estadounidense Kubrick no se enteró de que Cumming era escocés hasta que lo conoció en el set. Además, Cumming es y será para muchos el maestro de ceremonias del musical Cabaret, papel que ha interpretado sobre los escenarios de Londres y Broadway con 20, 30, 40 y 50 años.

En la 79 edición de los BAFTA, premio que el actor solo ha ganado en 2018 y no en competición sino por su contribución a la industria del cine y de la televisión, comenzó su discurso de presentador reivindicando el entretenimiento en el cine ante “tantas películas de temáticas agotadoras”. Cumming era muy consciente que superar el arranque de la gala del año pasado, con David Tennant entrando en el Royal Festival Hall vestido de escocés a ritmo del I’m Gonna Be, era muy difícil. Nada puede superar ese antológico momento.

En la edición de los Oscar 1951, el premio a la Mejor Actriz se lo llevó contra todo pronóstico Judy Holliday por Nacida Ayer, cuando las favoritas eran Bette Davis (Eva al desnudo) y Gloria Swanson (El crepúsculo de los dioses). La ganadora no estaba en el RKO Pantages Theatre para recoger el premio y en su lugar subió la veterana Ethen Barrymore, la gran dama de Broadway. Sam Staggs, en su magnífico libro All About All About Eve, sobre Eva al desnudo, apunta que Barrymore estuvo tan bien que “debería haberse quedado con el Oscar”.

Sean Penn no estaba presente para subir a recoger el BAFTA al mejor actor secundario. Su premio fue una de las sorpresas de la tarde, aunque ya se lo dieron como protagonista por Mystic River (2003). Las presentadoras Maggie Gyllenhaal y Gillian Anderson deberían haberse quedado con el premio, porque ninguna de las dos lo tiene. Anderson tiene pendiente de estreno The Boys from Brazil, adaptación en formato serie de televisión de la novela de Ira Levin donde interpreta el mismo personaje que hizo la mítica Uta Hagen en la película de 1978.

Maggie Gyllenhaal estrena como directora The Bride, nueva y rompedora mirada al mito de Frankenstein y a la criatura, en este caso la novia del monstruo, con Jessie Buckley, la actriz del momento, de protagonista.

Buckley subió como estaba previsto para recoger el BAFTA a la mejor actriz, primero de su carrera tras haber estado nominada en tres ocasiones anteriores, una de ellas como estrella emergente. La actriz recordó en su discurso a Judi Dench, porque cuando empezaba le dijo a su agente que quería ser como ella.

El de estrella emergente (el equivalente en los Goya a actor o actriz revelación) se lo ha llevado este año el gran protagonista de la noche, Robert Aramayo (1992, Reino Unido), que también se llevó el BAFTA al mejor actor protagonista, superando a estrellas como Leonardo DiCaprio y Timothée Chalamet. Aramayo ha triunfado con I Swear, una de las películas del año en Reino Unido donde interpreta a un joven diagnosticado con el síndrome de Tourette. Una historia real que le ha llevado a ganar dos premios en una misma gala. El de mejor actor se lo entregó Kerry Washington, a punto de estrenar la serie de misterio Mujeres imperfectas, junto a Elisabeth Moss, Kate Mara y Joel Kinnaman. Robert Aramayo recordó a Ethan Hawke, nominado junto a él, porque siendo un estudiante de Arte Dramático Hawke acudió a su escuela para dar una charla sobre interpretación que sigue teniendo muy presente.

El equipo de Hamnet en el Festival de Toronto

Si Aramayo hizo historia y no se podía creer lo que estaba ocurriendo, más tranquila vimos a Chloé Zao, directora de Hamnet, película dirigida por una mujer más nominada en la historia de los BAFTA (11 candidaturas).

Mientras Michael B. Jordan y Delroy Lindo (ambos nominados al Oscar por Pecadores (Sinners) entregaban al equipo de Avatar: Fuego y ceniza el BAFTA a los mejores efectos visuales y nada menos que Paddington anunciaba a la producción hindú Boong como mejor película familiar o infantil (todo un logro pues se impuso a Zootrópolis 2 y Lilo y Stitch), llegó otra gran sorpresa de la ceremonia: Wunmi Mosaku premio a la mejor actriz de reparto por Pecadores (Sinners).

Zootrópolis 2, BAFTA a la mejor película de animación, perdió sin embargo el de película familiar

Rose Byrne se quedó sin premio, pero ahí estaba radiante junto a su novio Bobby Cannavale y en primera fila recibiendo un caluroso saludo desde el escenario de Glenn Close. La actriz de Las amistades peligrosas (1989) nunca ha ganado el BAFTA, ni el Oscar, pero se la trató como a una reina con honores para presentar el último premio de la noche. La mejor película del año fue Una batalla tras otra y Glenn Close aprovechó para mandar un beso a Rose Byrne, su compañera durante cinco temporadas de la serie Daños y perjuicios (2007-2012).

Valor sentimental se convirtió en la primera película noruega en ganar el BAFTA, Kate Hudson le entregó el premio al mejor director a Paul Thomas Anderson y Sam Mendes agradeció a Steven Spielberg, su coproductor en Hamnet cuando subió a recoger el premio a la mejor película británica.

Valor Sentimental

El In Memorian fue devastador (Diane Keaton, Terence Stamp, Rob Reiner, Catherine O’Hara, Robert Duvall, Brigitte Bardot, Diane Ladd, Pauline Collins, Val Kilmer, Lee Tamahori, Michael Madsen, Robert Redford…), pero la sonrisa la puso Warwick Davis (homenajeado en los BAFTA el año pasado) cuando presentó el premio de mejor guion adaptado (para Una batalla tras otra) y apuntó que Tom Cruise era en realidad su doble de acción. Paul Thomas Anderson recogió el premio y recordó que no pudo estar en la gala cuando ganó el de guion original por Licorice Pizza (2021), su primero y hasta ese momento único BAFTA.

Bryan Cranston y Kathryn Hahn bromearon con su serie The Studio y luego le dieron el premio al mejor guion original a Ryan Coogler, primer negro en recibir este galardón.

Una noche previsible, con alguna sorpresa (Robert Aramayo nunca la olvidará), y un momento para la historia. El premio de honor a Donna Langley, británica de 1968, toda una institución sin la que no se entendería el cine actual. Langley llegó a Los Angeles, fue camarera y ahora es la presidenta de Universal, uno de los estudios clásicos de Hollywood.

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