Texto: María Estévez
La locura por Los Javis y La Bola Negra ha pasado por Telluride en su camino hacia Toronto. Otra película española tenebrosa sobre la guerra civil donde, además, se cruzan el deseo y la memoria que nació en España. Tras su paso por Cannes, donde Javier Ambrossi y Javier Calvo compartieron el premio a la mejor dirección con Paweł Pawlikowski, ahora empieza para la película la carrera en territorio norteamericano. La bola negra ha sido una de las películas españolas seleccionadas para el Festival de Telluride y continuará su recorrido internacional en Toronto, donde tendrá su estreno canadiense el 15 de septiembre. Después llegará a las salas estadounidenses el 16 de octubre y a Netflix el 2 de diciembre (donde tendrá el recorrido más largo en cines de una película de la plataforma en toda su historia).

El momento no puede ser más importante para los directores, ya que su cinta se ha colado en la terna finalista de tres títulos preseleccionados por España para competir por el Oscar a la mejor película internacional. La decisión definitiva se conocerá el 16 de septiembre. En Telluride, Los Javis participaron de una conversación donde hablaron de la necesidad de contar esta historia. “Cuando comenzamos a escribir La bola negra, queríamos contar una historia sobre la libertad, el legado y la importancia de la visibilidad LGTBIQ+” y añadieron una intención que resume buena parte de la película. “Queríamos honrar a las generaciones de personas cuyo coraje y sacrificio hicieron posibles las libertades de las que disfrutamos hoy”.

La película parte de un texto de Alberto Conejero y de la figura de Federico García Lorca para construir tres historias separadas por décadas. Una transcurre en los años treinta, durante la Guerra Civil; otra imagina la obra inacabada de Lorca que da título a la película; y la tercera llega hasta 2017, cuando un hombre comienza a investigar la historia de su propia familia. El resultado es un filme sobre aquello que una generación decide contar y cómo la siguiente descubre que se había quedado fuera del relato. “Queremos que la película llegue a mucha gente”, explicaron los directores. El acuerdo con Netflix les permite precisamente ampliar ese recorrido. La plataforma estrenará la película en Estados Unidos y Canadá después de su paso por los cines y de su presencia en Toronto. “No podíamos imaginar un hogar mejor que Netflix para llevar esta historia al público de Estados Unidos”, dijeron Ambrossi y Calvo.

La dimensión política de La bola negra tampoco es secundaria. Los directores han definido la película como “antifascista, antibelicista y, sobre todo, humanista”. Esa decisión atraviesa una historia en la que la Guerra Civil no funciona únicamente como telón de fondo. Sebastián, interpretado por Guitarricadelafuente, pierde su casa y a su madre y acaba encontrando una relación inesperada con Rafael, el personaje interpretado por Miguel Bernardeau. El deseo aparece en mitad de la violencia, en un momento histórico en el que nombrarlo podría convertirse en una amenaza. La película viaja después a 2017 para seguir a Alberto, interpretado por Carlos González, mientras intenta reconstruir una historia familiar que también le obliga a enfrentarse con su propia identidad.

Lorca está presente en La bola negra como alguien cuya obra y cuya vida permiten conectar a personajes separados por casi un siglo. La película imagina qué pudo haber ocurrido con aquel proyecto inacabado y utiliza esa ficción para hablar de las vidas que tampoco pudieron completarse. Durante la presentación del proyecto en un cine de Telluride resumieron su intención de hacer “la película de guerra más gay” que pudieran. En un afán de reclamar para los personajes homosexuales el espacio que tradicionalmente ha ocupado el héroe heterosexual en las grandes historias bélicas. “Demos a toda la gente heterosexual la película bélica que quiere, pero demos a nuestra comunidad la historia de amor que quiere: ¿por qué no podemos tenerlo todo?”.

La idea de la exclusión está condensada en el título. La bola negra era el voto que podía impedir la entrada de alguien en determinadas instituciones y, dentro de la película, se convierte en una metáfora del rechazo. Una marca que puede pasar de una generación a otra: el secreto familiar, la vergüenza, aquello que no se dice porque alguien decidió que no debía decirse. En su ambición por “tenerlo todo”, Los Javis contaron con un reparto de lujo. Penélope Cruz interpreta a Nené, una artista de los años treinta, mientras Glenn Close aparece como una académica que participa en la investigación sobre Lorca. Los personajes femeninos funcionan como puentes entre mundos. Nené conoce el poder de la representación y también su fragilidad. Durand, el personaje de la actriz estadounidense, entiende que investigar el pasado no consiste únicamente en reunir documentos, sino en intentar devolver una voz a quienes la perdieron.
La locura de La bola negra se acaba de desatar en Estados Unidos y la próxima semana llegará a Toronto. Una película española que, contra todo pronóstico, es la gran bola de los próximos Oscars.

