León de Oro honorífico en el Festival de Venecia (del 2 al 12 de septiembre) para la actriz Ellen Burstyn

William Friedkin buscaba a una actriz para interpretar a una actriz que tiene una hija poseída por el demonio. La primera opción del director para interpretar a Chris MacNeil era Audrey Hepburn, pero según parece la estrella exigió que la película se rodara en Roma, donde vivía en aquella época con su segundo marido, el psiquiatra italiano Andrea Dotti y sus dos hijos. La segunda candidata era Anne Bancroft, pero la mujer de Mel Brooks estaba embarazada de su primer y único hijo, Max Brooks, con los años el autor de la novela en que se basó Guerra mundial Z (2013). También se barajó el nombre de Jane Fonda, que rechazó la oferta, y el de Shirley MacLaine, amiga del autor de la novela original, William Peter Blatty. Esta última y su hija Sachi Parker de hecho habían sido de alguna forma la inspiración para los personajes de la actriz y su hija poseída.

Todas esas candidatas eran estrellas consagradas. No así Ellen Burstyn, la única que hizo una campaña para conseguir el papel, llegando incluso a llamar directamente a Friedkin.

El exorcista (1973) fue un fenómeno mundial y convirtió en estrella a esta actriz nacida en Detroit, Michigan, en 1932, que empezó como modelo, corista, bailarina y parada en Broadway antes de saltar a la televisión (The Doctors fue una de las muchas series en las que intervino) y el cine (debutó en 1964 con Adiós, Charlie, comedia para lucimiento de Tony Curtis y Debbie Reynolds). Con La última película (1971) consiguió su primera nominación al Oscar (como actriz de reparto), El exorcista le dio la segunda (como protagonista) y por fin lo ganó con Alicia ya no vive aquí (1974). Ellen Burstyn no fue a la ceremonia a recoger el premio (el director de la película Martin Scorsese subió al escenario en su nombre), algo de lo que se arrepintió siempre porque, como contó en una entrevista, luego fue candidata en otras tres ocasiones más (El próximo año, a la misma hora en 1978, Resurrección en 1980 y Réquiem por un sueño en 2000) y echó de menos vivir en directo ese momento mágico en el que pronuncian tu nombre como ganadora.

Burstyn no ha parado de hacer cine, teatro y televisión, aunque su gran momento fue la década de 1970. La actriz fue una de las protagonistas de esa época decisiva del cine americano, repasada magistralmente por Peter Biskind en el imprescindible libro de lectura obligada para todo amante del cine Moteros tranquilos, toros salvajes (Anagrama: 2004).

Biskind cuenta muchas anécdotas de esos años convulsos y revolucionarios para la industria de Hollywood. Por ejemplo, que Friedkin estaba obsesionado con que la escena en la que Regan le da un tortazo a su madre y la empuja violentamente contra una pared pareciese real. “Ya sé que tiene que parecer real”, exclamó Burstyn, “pero te estoy diciendo que podría hacerme daño”. Y se hizo. “Desde entonces no he dejado de tener dolores de espalda”. Aun así, la actriz y el director vivieron un romance, relación que se terminó cuando Burstyn leyó en la prensa la noticia de que el cineasta se había casado con la actriz francesa Jeanne Moreau. “Y yo que creía que todavía seguía saliendo con él. No me dijo nada. Digamos que nos hizo una prueba a las dos y la francesa se quedó con el papel”.

Después de El exorcista, ya hemos dicho que Ellen Burstyn ganó el Oscar y apareció en películas populares como Embajador en Oriente Medio (The Ambassador) (1984), con Robert Mitchum y Rock Hudson, y rechazó buenas ofertas, como interpretar a la tremenda enfermera Ratched en Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), que le valió el Oscar a Louise Fletcher, porque tenía que cuidar a su marido enfermo.

De todas formas, como tantos otros compañeros de fatigas de esos años de 1970, Burstyn sufrió un bajón en su carrera. Como dijo muy acertadamente Margot Kidder, otra víctima de esa época, “ninguno de nosotros estaba preparado para los ochenta”. Sus carreras cayeron en picado, tanto la de Burstyn como la de Jon Voight, James Caan, Ryan O’Neal, Burt Reynolds, Elliott Gould, George Segal, Julie Christie o Jill Clayburgh.

El regreso de la actriz en la década de 1990 fue como ilustre secundaria en papeles de madre, abuela o amiga en películas como Elegir un amor (Dying Young) (1991), Donde reside el amor (How to Make an American Quilt) (1995), La otra cara del crimen (The Yards) (2000), Wicker Man (2006) o Interstellar (2014). Su última nominación al Oscar, como actriz protagonista por Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream) (2000), fue una especie de empujón que por ahora termina donde todo empezó.

Leslie Odom, Jr. y Ellen Burstyn The Exorcist: Believer

El exorcista: Creyente (The Exorcist: Believer) (2023) es su última película hasta la fecha. Burstyn dudó mucho si aceptar volver al universo endemoniado porque se había negado a participar en las secuelas que se hicieron de la obra maestra original. En El exorcista II (1977) estaba Linda Blair, pero no Burstyn (la niña actriz también rechazó el proyecto, pero finalmente accedió ante lo que ella consideraba un buen guion. Sin embargo, tras varias reescrituras, el guion terminó siendo un desastre total y Blair no pudo por contrato abandonar). En lugar de Burstyn contrataron a Louise Fletcher para ser Chris MacNeil, aunque luego el papel cambió y pasó a ser una doctora llamada Gene Tuskin. En El exorcista III (1990) estaba Jason Miller, el padre Karras original, pero no Burstyn. En El exorcista: El comienzo (2004), tanto en la versión de Renny Harlin como en la de Paul Schrader, estaba Stellan Skarsgård como un joven padre Lankester Merrin (Max Von Sydow en el original). Así que Burstyn se lo pensó muy mucho cuando David Gordon Green decidió recuperar la saga. La actriz repite como Chris MacNeil en una aparición que es todo un homenaje y una verdadera delicia, aunque la película sea finalmente una completa desilusión.

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