Kleber Mendonça Filho: «Imagino cada película como si el espectador viniera a cenar a casa y antes de sentarnos a la mesa, le enseñara un álbum de fotos»

El director de El Agente Secreto nos cuenta los secretos de esta fascinante película, un drama potente con momentos inolvidables, suspense, acción y una radiografía de una época, que coloca al brasileño nacido en Recife, Pernambuco, en 1968, en la primera línea de cine mundial.

¿Lleva mucho pensando en esta película?

Muchísimo tiempo. Al principio había pensado el título para una historia diferente; intenté escribirla, pero nunca funcionó muy bien como guion. No descarté el guion y seguí trabajando en otras ideas. En realidad, nace de una mezcla de impulsos muy diversos. Me apetecía hacer algo parecido a un thriller; también estaba el reto de volver atrás en el tiempo y dirigir una película de época, algo que nunca había hecho si exceptuamos una secuencia en Aquarius; además, trabajar durante siete años con documentos y archivos para realizar Retratos fantasmas (2023) (su anterior largometraje) tuvo mucho que ver.

¿Cuándo decidió que la película transcurriría en 1977?

Creo que es el primer año del que me acuerdo realmente, y eso por varias razones. Hubo una crisis familiar, mi madre estaba enferma, y mi tío más joven nos sacaba mucho a mi hermano y a mí, alejándonos de los problemas. Nos pasábamos la vida en el cine. Fue una época cinematográfica intensa, pero no entendí hasta mucho después a qué se debía. Las películas de entonces me ayudaron a cimentar mis recuerdos de 1977. Si hubiera rodado una película situada en 1877, me habría documentado de otra forma. Pero recuerdo los olores de 1977, la textura del tiempo, cómo era Brasil. Han pasado 50 años y han cambiado muchas cosas; es irónico, pero el comportamiento de la sociedad los últimos diez años me hace pensar que hemos vuelto atrás.

En relación con anteriores películas que hablan de política, concretamente del legado de la dictadura militar, que duró desde 1964 a 1985, ¿cómo pensó en El agente secreto?

Cuando mencionaba que la película transcurriría en 1977, la primera palabra que pronunciaba era “dictadura”. No pasa nada, pero en el cine brasileño, como también en el argentino, hay un subgénero de cine de dictadura. El resto residía en hacer una película acerca de la lógica de esa época sin por eso rellenar todas las casillas de la película de dictadura. No estoy en contra de estas películas. De hecho, Walter Salles ha hecho una preciosa y fortísima película sobre esto, Aun estoy aquí, que fue milagrosa a la hora de dar a conocer este momento histórico a muchos jóvenes. Pero mi película se basa mucho
más en la atmósfera, los recuerdos.

¿Diría que hay algo en la secuencia de apertura que cristaliza la lógica que acaba de mencionar?

Sí, recuerdo muchas situaciones de niño en las que vi a personas muertas en la calle, víctimas de la violencia. Sabemos que hoy la sociedad sigue siendo violenta, pero ya no se ve a gente muerta en la calle como si fuera normal. La situación de arranque de la película es inventada, pero recuerdo historias de personas a las que se olvidó, cuyo cadáver nunca se recogió porque era fiesta nacional, sobre todo si estábamos en carnaval. Es un momento asombroso, pero también una locura. Algunos espectadores
no entienden por qué se me ha ocurrido colocar un cadáver tirado en el suelo, pero es un lugar perdido de una época en que las comunicaciones no funcionaban muy bien, la policía no daba abasto o sencillamente, estaban hartos. Para mí, la secuencia tiene lógica. La lógica de las diversas sociedades me fascina. Damos por supuestas muchas cosas, pero cada vez que viajamos, que cambiamos de paisaje, nos enfrentamos a una lógica diferente.

La película empieza con una serie de imágenes de archivo, algo que ocurre en varias películas suyas.

Imagino cada película como si el espectador viniera a cenar a casa y antes de sentarnos a la mesa, le enseñara un álbum de fotos de cuando estuve en la universidad o rodando una película. Puede que una película sea eso. Tengo la esperanza de que le interese a alguien la pequeña colección de fotos. Esta vez escogí imágenes icónicas del cine, la televisión y la música brasileña de los setenta. Son fotos que llevo en el corazón, algunas muy conocidas, otras no tanto.

Ha dicho antes que 1977 fue un año de formación cinematográfica para usted. ¿Qué películas le impresionaron entonces y en cuáles pensó cuando preparaba esta?

Creo que tuve mucha suerte, desde una perspectiva histórica, porque recuerdo ver dos películas que remodelaron el cine popular tal como lo conocemos hoy, La guerra de las galaxias (1977) y Encuentros en la tercera fase (1977). También recuerdo Jesús de Nazareth (1977), de Franco Zefirelli, que fue rodada para televisión, pero que tuvo muchísimo éxito en la gran pantalla. También vi Orca (1977), una de las películas protagonizada por Herbie el escarabajo, no recuerdo cuál, y una de La Pantera Rosa, puede que La Pantera Rosa ataca de nuevo (1976), con la que me reí muchísimo. Vimos una película titulada El autobús atómico (The Big Bus) (1976), un cruce entre comedia y película de desastres, de la que nunca he vuelto a oír hablar. Mientras hacía la película pensé mucho en Nelson Pereira do Santos; siempre he pensado que su conexión con el país era tan abierta como su conexión con el cine. Puede que esto parezca duro, pero para muchos cineastas es como si su país les separara de su película. Hector Babenco también hizo una película asombrosa, Lucio Flavio, en 1977. La mayoría de los thrillers que había visto no parecían sentirse muy cómodos siendo brasileños, como si quisieran otra cosa, supongo que ser estadounidenses. Pero Lucio Flavio es un genial thriller brasileño, duro, sucio, brutal y tremendamente honrado, y fue un enorme éxito de taquilla en la época. Pienso mucho en John Sayles por su película Lone Star (1996), que siempre ha sido un referente para mí. Tampoco podía dejar de pensar en Robert Altman y Brian De Palma porque rodamos en Panavision anamórfico.

¿Escribió el guion pensando en Wagner Moura para el papel protagonista?

Sí, y es la primera vez que escribo un papel para alguien en concreto. Llevábamos unos cuantos años intentando coincidir. Wagner siempre despierta mi curiosidad, no solo como intérprete, sino como persona. Somos buenos amigos. Compartimos momentos duros como artistas brasileños de izquierdas y nos apoyamos mutuamente sin conocernos muy bien. Su papel más famoso es el de un policía
duro en las favelas de Río en Tropa de élite (2007), una película muy violenta. Me pareció casi un reto crear a alguien que cayera bien, un héroe clásico que no fuera un personaje violento y que incluso
en un par de ocasiones menciona que no va armado.

El agente secreto se estrena en cines el 20 de Febrero

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