Cuando John Travolta lloró en el Festival de Cannes

Mayo de 1994. El jurado del Festival de Cannes presidido por Clint Eastwood y con Catherine Deneuve como vicepresidenta, decide otorgar la Palma de Oro a la película estadounidense Pulp Fiction. Quentin Tarantino se impone a “vacas sagradas” como Zhang Yimou, Nikita Mikhalkov, Nanni Moretti, Abbas Kiarostami, Atom Egoyan, Andrei Konchalovsky, Arturo Ripstein, Alan Rudolph, Giuseppe Tornatore, Krzysztof Kieslowski o Mike Figgis. La actriz italiana Virna Lisi (1936-2014), una de las mujeres más bellas de la historia del cine (como reconoció en su día Brigitte Bardot), aquella que traía de cabeza a Jack Lemmon en Cómo matar a la propia esposa (1965), se convierte en la gran estrella del certamen al ganar el premio de interpretación femenina por su impactante Catalina de Médicis en La Reina Margot. Pero hay alguien que también está ahí, de algún modo también es protagonista y no se puede creer lo que está pasando. Sabe que su vida acaba de cambiar con esa Palma de Oro y no puede parar de llorar. Es John Travolta.

Pasar el mismo año de hablar con perros en ¡Mira quién habla ahora! a disfrutar del premio de cine más importante del mundo después de los Oscar, es dar un salto bien grande. Él lo ha dado. En Hollywood, entre las películas de los perros (hizo tres, Mira quien habla, Mira quien habla también y ¡Mira quién habla ahora!) y una sucesión de fracasos estrepitosos, su carrera estaba acabada y le daban por amortizado. El escritor Martin Amis escribió un artículo donde contaba lo que había ocurrido. “Uno tiene la sensación de que John Travolta es tan mítico que debería estar muerto. Y no lo está. Ya no. En su carrera ha ocurrido algo para lo que el sector tiene dificultades para encontrar la palabra adecuada. “Regreso” apenas lo cubre. Ha vuelto directamente desde los cero grados a la dignidad”.

Pulp Fiction le salvó la carrera, le devolvió la autoestima. Le dio la vida de nuevo. Cuenta Travolta que, durante la presentación de la película en Cannes, se escabulló, se escondió en un lavabo y se puso a llorar. Llevaba el tiempo suficiente en la industria del cine (desde principios de la década de 1970) para saber que su suerte acababa de cambiar de nuevo, que empezaba una gloriosa nueva etapa tras años de incertidumbre y perros parlanchines. Con Vincent Vega tenía una nueva oportunidad y vaya si la tuvo. La suerte volvía a estar de su parte desde el momento glorioso (para él) en que Michael Madsen, el actor para el que se escribió el papel no pudo aceptar la propuesta de Tarantino por estar comprometido con otro proyecto.

Por una vez era él la segunda (o la tercera o cuarta) opción y no la estrella equivocada que rechazó los papeles protagonistas de Días del cielo (1978), American Gigolo (1980), Oficial y Caballero (1982), Splash (1984), The Doors (1991) y Forrest Gump (1994), A todas dijo “no” John Travolta y la mitad de ellas las terminó haciendo Richard Gere.

Por Pulp Fiction (1995) cobró 150.000 dólares, por Broken Arrow (1996) llegó a los 8 millones y firmó el contrato de Cara a Cara (Face / Off) (1997) por 20. Ha estado nominado al Oscar en dos ocasiones y en el Festival de Cannes 2026 recibió la Palma de Oro honorífica. “Esto es más que un Oscar”, dijo el actor. Pero que no se preocupe porque también a él le llegará la estatuilla de Hollywood, aunque sea una de homenaje, como a Tom Cruise.

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