Emily Blunt es la nueva musa de Steven Spielberg, aunque el director no suele repetir actrices y actores en sus repartos. Siempre hay gente nueva que no ha trabajado con él antes. Pero por ahora, ella es la última. En El día de la revelación interpreta a Margaret Fairchild, una presentadora que se ocupa del parte meteorológico en una cadena de televisión local de Kansas City. Josh O’Connor también está muy solicitado y también es su primera vez con Spielberg. Él es el Dr. Daniel Kellner, un experto en ciberseguridad que trabaja para WARDEX, una turbia agencia dentro del entramado industrial militar que guarda pruebas sobre visitas alienígenas que se remontan al caso Roswell de 1947.
Nota aparte: El nombre de WARDEX significa “Waived Reporting, Development and Extraction”, o dispensa de informes, desarrollo y extracción. «Dispensa de informes» es un término que se aplica a agentes o grupos afiliados al gobierno que no están obligados a enviar datos, documentos ni ningún tipo de informe para rendir cuentas a agencias reguladoras. El guionista David Koepp descubrió el término investigando las transcripciones de las sesiones del Congreso sobre fenómenos anómalos no identificados.

Tanto Margaret como Daniel comparten una conexión especial con la historia secreta que WARDEX custodia, pero sus recuerdos sobre la misma son imprecisos y no son capaces de comprender lo poco que recuerdan. Para descifrar su críptico pasado y poder actuar en consecuencia, deberán confiar en la ayuda de aliados muy peculiares, cada cual con sus propios intereses.
“Cuando te dicen que Steven Spielberg quiere quedar contigo, es una de esas situaciones en las que, si tuvieras una mochila propulsora, te la pondrías para salir pitando hacia la reunión lo antes posible”, nos cuenta la actriz, que este año también ha estrenado la secuela de El diablo viste de Prada. “Estuvimos una hora sentados y hablamos de todo, aunque yo en realidad tenía que esforzarme por no hablar todo el rato de Tiburón (1975), que es mi película favorita. Pero empezamos a hablar de Encuentros en la tercera fase (1977) y me describió El día de la revelación como una especie de broche a aquello. Luego me dio una copia física del guion y me fui corriendo a casa y lo devoré en dos horas. El concepto era increíble y abarcaba montones de cosas, y encima con personajes que derrochan humanidad e idiosincrasia, que es algo muy característico de las películas que hace. Me quedé alucinada”.

Emily Blunt se enamoró de Margaret y su fundado heroísmo. “Es un personaje muy atractivo y lleno de matices. Por usar el símil meteorológico, ya que se dedica a ello, tiene su parte soleada y su parte borrascosa. Es impredecible y se ve metida en una situación que la sobrepasa totalmente. Así son precisamente los héroes que a mí me gustan: gente de a pie, pero interesante, inmersa en circunstancias extraordinarias, luchando por mantenerse a flote mientras busca respuestas que le brinden un modo de salir del atolladero. Margaret me pareció muy humana, sorprendente y una referencia con la que era fácil conectar; no es alguien que esperarías que fuese capaz de hacer lo que hace en la película, pero al mismo tiempo la ves dando un paso al frente para estar a la altura”.

Blunt tuvo que aprender dos idiomas reales (coreano y ruso) y ayudar a inventar uno alienígena que brota inexplicablemente de ella y fue creación de Spielberg y de la propia actriz. “Al principio, no sabíamos cómo debía sonar. Sobre la marcha, Steven decidió que quería que fuese algo un poco matemático, que recordara al Morse. Descubrí que se me dan muy bien los sonidos tipo “clic”, una habilidad de la que no tenía ni idea, así que experimentamos un poco en una cabina de sonido, haciendo diferentes clases de murmullo y clics, así como vocalizaciones más guturales. Fue una de las experiencias más descabelladas de mi vida. Gary, nuestro increíble diseñador de sonido, le añadió capas y lo editó. Ha quedado muy chulo, en mi opinión”.

Y luego están las escenas de acción. En esta película hay una en un tren que será recordada mucho tiempo. En esa escena también está Josh O’ Connor actor con el que la actriz llevaba mucho tiempo queriendo coincidir. “Creo que es uno de los actores en activo con más talento. Esa vulnerabilidad que irradia es alucinante. Tiene una mirada extraordinaria que transmite mucho, y toma elecciones de interpretación muy reales, humanas y específicas. Nunca sabes si vas a tener química con alguien. No sabes si vas a tener que crearla activamente o si surgirá de manera natural. Para nosotros, ha sido algo natural. Somos como hermanos en la vida real y creo que eso se refleja en pantalla. Entre nosotros reina un sentido de la protección, del amor y del humor muy auténtico, tenemos un vínculo genuino. Con Josh todo es fácil. Es una persona muy presente; sabes que puedes interpretar una escena de cualquier forma posible y que va a poder seguirte”.

O’Connor devuelve los elogios sin dudarlo. “Emily es una persona inmensamente creativa, divertida y centrada, y todo con una enorme naturalidad. Tiene la capacidad, a diferencia de mí, de meterse en cualquier momento muy rápida y fácilmente”. En la escena del tren, por ejemplo, “tanto su personaje como el mío están totalmente agotados y, en ese momento en concreto, ella está en una situación más precaria y se siente abrumada por un pánico cada vez mayor. El día que la estábamos rodando, pasaron montones de cosas divertidas entre escenas; bromas, chistes, anécdotas… Pero, cada vez que la cámara se ponía a grabar, Emily cambiaba el chip y se metía totalmente en la situación en la que Margaret se encontraba. Yo soy incapaz de eso. Y lleva ya tiempo haciéndolo al más alto nivel. He aprendido mucho de ella”.

Steven Spielberg contactó con Josh O’Connor en la primavera de 2024. En ese momento, el actor estaba deseando acabar con la promoción de Rivales, la película de Luca Guadagnino sobre tenis con Zendaya, y tomarse unas merecidas vacaciones. “Mi agente me llamó y me dijo: “¿Qué haces mañana? ¿Tienes un rato libre para una reunión?”, y yo en plan: “Rotundamente no. Necesito un descanso”. Fue entonces cuando me dijo: “Es con Steven Spielberg”, y yo, claro, le solté enseguida: “Estoy libre, sí””, cuenta O’Connor riéndose. “Spielberg y Koepp aún estaban trabajando en el guion, pero lo que me contó me pareció fascinante. Me sentí intrigado por la relación entre Margaret y Daniel: son dos personas muy diferentes que no se conocen en absoluto, pero hay algo que los une, algo que enraíza con necesidades muy profundas que tal vez no sean capaces de reconocer, algo que beneficia a todas las partes. Me sentí instantáneamente enganchado y estaba deseando leer lo que David y él iban escribiendo”.

Cuando O’Connor recibió su primer guion acabado, colmó todas sus expectativas. “Me lo leí del tirón en una hora, cosa que no suele pasar. Soy bastante disléxico, así que normalmente tengo que reservar tres o cuatro días para asimilar un material así; no solo leerlo, sino releerlo y dejar que todo vaya calando como debe. Pero en este caso lo devoré en una hora y fue alucinante. También quiero dejar claro algo. En todo caso, estaba claro que iba a lanzarme de cabeza a hacer la película; ¡era Steven Spielberg! Pero fue genial que, además, el guion fuera así de brillante. Me encanta que la historia presente interrogantes ancestrales y fundamentales sobre la existencia humana y lo que hay más allá de los límites del conocimiento actual, todo ello al ritmo de un thriller trepidante. Lo que Steven consigue con mucha inteligencia es apoderarse de todas esas cuestiones intemporales y hacerlas relevantes para nosotros en el aquí y el ahora de una forma muy entretenida».

Para el actor, que acaba de rodar con Joel Coen la historia gótica ambientada en la Escocia de 1880 Jack of Spades, Daniel es un tipo totalmente sobrepasado. “No es un héroe de acción, pero, desde el principio, las circunstancias lo han obligado a que se comporte como tal. A él lo que le van son las matemáticas, la informática, no lo de saltar de trenes en marcha. Esa combinación de un tío tratando de entenderse y dar sentido a su cometido sin dejar de moverse de un lado a otro, tratando de ser un héroe, era una combinación fascinante y muy divertida de interpretar”.

Para preparar sus personajes el actor utiliza un método muy particular: se hace un álbum de recortes con cosas que va averiguando, dibujos o pequeñas historias sobre el trasfondo del rol en cuestión. Otro desafío fue el acento americano. O’Connor es de Southampton, Inglaterra, y asegura que el acento americano de Daniel era innegociable. “En mi región de origen de Reino Unido, tenemos un sonido que llamamos “erre suave”. No es un sonido que usemos demasiado, pero, cuando lo hacemos, tiende a ser más alargado e intenso, de un modo que los americanos nunca harían. Por eso, cuando interpreto a alguien con acento americano, necesito prepararme si quiero que ese sonido me salga bien. Nuestra coach lingüística, Elizabeth Himelstein, nos ayudó con eso. Hubo ciertos momentos en los que Daniel tenía que decir montones de términos técnicos muy rápido. En ese tipo de instantes puede costar mantener el acento americano, pero me ayudó mucho a entrenarlo”.

Tanto para Emily Blunt como para Josh O’Connor, la experiencia de trabajar con Spielberg estuvo a la altura de sus inmensas expectativas. «Es que es una persona muy alegre. Es un mago en todos los aspectos técnicos, eso desde luego. Sabe lo que hacer para crear una imagen bonita; dónde poner la cámara, cuándo y cómo moverla, qué lente utilizar… Uno tendería a pensar que sus resultados son fruto de ser un director muy controlador que determina de antemano el aspecto que va a tener todo y cómo prepararlo. Lo que realmente no ves hasta que trabajas con él es lo espontáneo y lo relajado que es; viene a trabajar todos los días y permite que el set inspire la escena, y colabora con los actores de una forma creativa y, en ocasiones, con una dosis de improvisación. Brinda mucho protagonismo a los actores y a trabajar con ellos para hacer que una historia cobre vida”, confiesa el actor.

Para la actriz, “Steven llega cada día cargado de esperanza. Tiene fe en la humanidad y en nuestro destino compartido, y ha insuflado ese espíritu en todas y cada una de sus películas. Esa forma de animarte constantemente a alzar la vista, en todos los sentidos posibles, es muy empoderante. Si todos fuéramos capaces de adoptar ese sentido de la esperanza y esa generosidad, el mundo entero se beneficiaría enormemente”.

