Marilyn Monroe (1926-1962), sex symbol mundial, nunca reconocida del todo como actriz dramática. La estrella tiene una película extraña en su carrera, poco conocida, pero con un personaje para desarrollar un talento interpretativo que pocas veces la dejaron explorar. Se trata de Don’t Bother to Knock (No te molestes en llamar es la traducción literal, aunque en España, siempre tan originales, se conoce como Niebla en el alma) dirigida por Roy Ward Baker. Es de 1952 y la actriz la protagonizó justo antes de saltar al estrellato en 1953 con tres películas de éxito: Niágara, Los caballeros las prefieren rubias y Cómo casarse con un millonario.

Marilyn es Nell Forbes, la sobrina del ascensorista del hotel donde transcurre toda la acción. Su tío es Elisha Cook Jr., ese gran secundario americano que estuvo seis décadas (desde los 30 hasta los 80) en el cine. Don’t Bother to Knock podía haber sido perfectamente un episodio de Alfred Hitchcock Presenta o de cualquiera de esas series de antologías de terror y suspense (en España, Historias para no dormir) que se pusieron tan de moda en la televisión a partir de la década de 1950. El caso es que Nell es una desequilibrada y a su tío no se le ocurre nada mejor que recomendarla para que trabaje de baby sitter para un matrimonio que se aloja en el hotel. Solo podemos decir que la pobre niña termina atada y amordazada en la cama y que Marilyn pocas veces ha estado mejor.

Don’t Bother to Knock tiene mucha importancia en Blonde (2022), el aparatoso biopic sobre la estrella dirigido por Andrew Dominik basado en la novela de Joyce Carol Oates y con Ana de Armas como la Marilyn más desconocida. En una escena se replica uno de los momentos cumbre de la película, la parte final, cuando la niñera ocasional se siente acorralada en el hall del hotel. Es Ana de Armas haciendo de Marilyn interpretando a Nell Forbes. Aunque en Blonde nos cuentan que muchos consideraban Don’t Bother to Knock como “basura melodramática”.
Nell y Marilyn se pueden confundir. Niñas malditas no deseadas que se convierten en deseadas, una en todo el planeta, la otra por Jed Towers (Richard Widmark) en la habitación de un hotel.

Monroe, estrella de cine destrozada por Hollywood, como Frances Farmer (1913-1970), la joven con inquietudes de Seattle que se pregunta “¿dónde está Dios?… Si es verdad que existe”. Una infancia marcada por la Gran Depresión, con 16 años ganó un concurso, viajó a Moscú y aunque era “roja y atea”, Paramount la contrató por siete años. No pintaba nada en las películas de Bing Crosby, “¿cómo puedo rodar películas cuando la gente se muere de hambre?”, pero tenía toda la pinta de que iba a convertirse en una estrella de cine, el gran sueño de su madre terrible (“una bruja salida de un cuento de hadas” en opinión de Kenneth Anger).

Pero su sitio no estaba en Hollywood, estaba en Nueva York con Clifford Odets y su Theatre Group representando la obra Golden Boy. Mientras gritaba “No pasarán” para recordar la guerra en España, Louella Parsons clavó sus colmillos en ella. Le dijo “No” a Hollywood y el camarada Odets la traicionó. Tuvo que volver a Hollywood para terminar arrastrada por el barro. Frances terminó, como Marilyn, enganchada a las pastillas y al alcohol. Fue arrestada por conducir borracha, se largó a México y quemó todas las cantinas. Llegó la caída no sin antes abofetear a una peluquera durante el rodaje de I Escaped from the Gestapo (1943). Detenida por conducir borracha, entró en prisión por violar la libertad condicional y pasó 180 días de cárcel. Luego llegó el Meadow Wood Institución mental, las inyecciones de insulina, los electroshocks, violaciones, una lobotomía y el fin.
La suya es “La más intolerablemente trágica entre todas las tragedias de Hollywood”, según dice en Anger en Hollywood Babilonia. “De todas las Maria Magdalena de Hollywood que bebieron del pozo de la demencia (Clara Bow, Gail Russell, Gene Tierney) desde ya hay que nombrar patrona a Santa Frances”, termina contándonos el cronista del lado más oscuro de la meca del cine.
El de Frances (1982) fue uno de los papeles femeninos más deseados del Hollywood de los 80. Kim Basinger, Diane Keaton, Goldie Hawn, Jane Fonda, Katharine Ross, Sissy Spacek, Mia Farrow, Susan Sarandon, Tuesday Weld, Anne Archer, Blythe Danner, Cybill Shepherd, Meryl Streep y Natalie Wood fueron consideradas. También Susan Blakely, aunque ella terminó interpretando a la actriz en el telefilm de CBS Will There Really Be a Morning? (1983).

Se lo llevó Jassica Lange y recibió una nominación al Oscar en una edición muy reñida (Julie Andrews, Sissy Spacek, Meryl Streep y Debra Winger). También fue candidata como actriz de reparto por Tootsie en competencia directa con su compañera en Tootsie Teri Garr y su compañera en Frances Kim Stanley, además de Leslie Ann Warren y Glenn Close,
Aunque William Wyler, que dirigió a Frances en Rivales (1936) declarara que “Lo más agradable que puedo decir de Frances Farmer es que no hay quien la aguante” y que Louella Parsons confirmara que “La Cenicienta de Hollywood ha regresado a sus cenizas por el resbaladizo sendero de la bebida”, Frances Farmer sale muy bien parada en la película. Es una víctima a la que entendemos y con la que nos encariñamos. Es muy posible que parte de los aplausos se los tengamos que dar a Mel Brooks. Él es el productor de la película a través de su productora Brooksfilms. Es necesario decirlo porque el genial cineasta decidió, como había hecho en El hombre elefante (1980), que no apareciera su nombre en los títulos de crédito porque consideraba que el público lo asociaba demasiado con la comedia y podía desvirtuar la esencia de la película. Brooks ha dicho que le ofreció inicialmente la dirección a David Lynch tras el éxito de su colaboración en El hombre elefante (1980), y por las crónicas del rodaje sabemos que Jessica Lange y Sam Shepard se enamoraron con el mismo buen rollo que sus personajes en la película.

