Texto: María Estévez (Los Angeles)
Al encenderse las luces del Aero Theatre tras la proyección de Backrooms, pude ver el rostro descompuesto del público. La reacción era inusual en una ciudad acostumbrada a vivir entre estrenos de cintas de terror. Una joven a mi lado pidió un abrazo, otros lloraban, muchos emitieron un suspiro de alivio. Antes de que el director y los actores salieran para conversar con los presentes, todos necesitamos unos minutos para procesar las imágenes. Desde luego, Backrooms es una cinta de sensaciones donde el terror psicológico comparte espacio a partes iguales con la fascinación y el desconcierto.

Ese espacio en el purgatorio ha convertido a Backrooms en el fenómeno cinematográfico más inesperado del año. La película dirigida por Kane Parsons, el joven creador conocido en internet como Kane Pixels, nació de una idea que puebla nuestros sueños, de la inquietud que producen los espacios vacíos. Oficinas interminables, pasillos iluminados por fluorescentes, hoteles silenciosos y salas de conferencias abandonadas, aparcamientos infinitos. Lugares familiares que, por alguna razón difícil de definir, parecen equivocados.

El concepto surgió hace años en internet, cuando usuarios comenzaron a compartir imágenes de estos llamados “espacios liminales”. Durante la pandemia aquellas fotografías adquirieron una resonancia especial. El mundo se vació de repente y muchos lugares cotidianos empezaron a parecer escenarios fantasmales. Parsons entendió el potencial narrativo de esa sensación. Su primer cortometraje, The Backrooms (Found Footage), apareció en YouTube en 2022 y rápidamente se volvió en un fenómeno viral. Lo que comenzó como un experimento realizado por un adolescente terminó evolucionando hacia un universo propio, con su propia mitología y teorías elaboradas por un fandom repartido por todo el mundo.

Ahora, con el respaldo de A24, ese universo ha dado el salto a la gran pantalla para hacer historia.
La película ha recaudado más de 118 millones de dólares en todo el mundo durante su estreno y ha pulverizado varios récords de la industria. Entre ellos, el de mejor debut para una película original de terror y el mayor estreno de la historia de A24. Parsons, con apenas 22 años, se ha convertido además en el director más joven en colocar una película en el número uno mundial de la taquilla. Sin embargo, reducir el fenómeno a sus cifras sería un error. Lo verdaderamente sorprendente es que una idea nacida en los márgenes de internet haya logrado conectar con públicos de generaciones muy distintas. “Creo que habla de una ansiedad que mucha gente reconoce”, explicó la protagonista femenina de la película, la actriz noruega nominada al Oscar Renate Reinsve durante la presentación. “Hay algo en estos espacios que se relaciona con la manera en que vemos el mundo actual. Son familiares, pero también absurdos. Y esa contradicción resulta muy inquietante”.

Renate Reinsve interpreta a Mary Kline, una terapeuta que se adentra en el laberinto infinito de los Backrooms para buscar a un hombre desaparecido. Su presencia constituye una de las claves del éxito de la película. Reinsve procede de una tradición interpretativa vinculada al realismo psicológico y traslada esa sensibilidad a una historia fantástica. Tras convertirse en una referencia internacional gracias a La peor persona del mundo (2021) y consolidar su prestigio con Valor sentimental (2025), la actriz ha encontrado en Backrooms un papel que amplía su registro sin abandonar la complejidad emocional que caracteriza su trabajo. En una industria obsesionada con la exposición permanente, Reinsve conserva una notable independencia. Su interpretación aporta humanidad a una historia dominada por conceptos ambiciosos.

“Me preocupaba volverme un poco loca dentro de esos decorados”, confesó entre risas. “Y pensé que quizá eso ayudaría al personaje”. La actriz se refiere al gigantesco set construido para la película, un laberinto físico de más de 30.000 metros cuadrados diseñado para recrear los Backrooms.
En una época dominada por las pantallas LED y los efectos digitales, la decisión de construir espacios reales marcó una diferencia decisiva. “Nunca había visto a nadie tan emocionado como Kane cuando llegué al set”, recordó Reinsve. “Era como si estuviera viendo algo que había imaginado durante años materializarse delante de él. Y la verdad es que era un lugar aterrador. Yo no quería caminar sola por allí”. Los Backrooms funcionan porque alteran nuestra percepción del espacio. Un pasillo parece demasiado largo. Una habitación tiene proporciones extrañas. Una esquina conduce a otra idéntica. Todo parece normal y, al mismo tiempo, profundamente equivocado. Parsons comprendió desde el principio que esa sensación no podía depender únicamente de los efectos visuales. “La película habla mucho sobre cómo experimentamos la realidad”, explicó el director durante el coloquio posterior a la proyección. “Internet fue el punto de partida, pero el objetivo era crear algo que pudiera sentirse físicamente”. Esa combinación entre cultura digital y experiencia cinematográfica es una de las razones por las que Backrooms ha despertado tanto interés.

Durante años existió un cierto escepticismo hacia los creadores surgidos de plataformas como YouTube. Muchos observadores consideraban que el lenguaje de los vídeos virales difícilmente podía trasladarse al cine tradicional. Parsons pertenece a una nueva generación que está cuestionando esa idea. Como los hermanos Philippou con Talk to Me (Háblame) (2022) o Mark Fischbach con Iron Lung, ha demostrado que internet puede ser una escuela alternativa para desarrollar una voz cinematográfica. “Es sorprendentemente existencial”, afirmó Reinsve. “Puedes interpretarla desde muchos ángulos distintos: la tecnología, la inteligencia artificial, la cultura contemporánea. Habla de un mundo que sigue expandiéndose y del que no alcanzamos a ver el final”.

La actriz cree que esa dimensión filosófica explica parte de la respuesta del público más joven. “Estos chicos reciben cantidades enormes de información y viven una experiencia de la realidad completamente distinta a la que yo tuve creciendo”, explicó. “Quizá por eso encuentran cierto consuelo en algo tan extraño. A veces sólo puedes entender algo irracional enfrentándolo con otra cosa igualmente irracional”.
Los Backrooms representan un lugar familiar convertido en un territorio incomprensible. Una arquitectura diseñada para la eficiencia que acaba transformándose en una prisión. Estamos ante una obra que ha logrado convertir una intuición nacida en internet en una experiencia cinematográfica genuina.

Mientras abandonamos el Aero Theatre, las conversaciones continuaban en la acera de Montana Avenue. Algunos debatían sobre el significado de las imágenes. Otros especularon con las inevitables secuelas. Parsons ha insinuado que apenas hemos visto una pequeña parte de este universo y que existen muchas más historias por contar. Después de todo, los personajes de la película repiten una idea inquietante: apenas han arañado la superficie. Y viendo el taquillazo en Estados Unidos, resulta difícil pensar que Hollywood vaya a abandonar estos pasillos infinitos en un futuro próximo.
Backrooms se estrena en cines el 5 de junio

